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Su cuerpo despierta cada uno de mis deseos carnales, de mis más bajas pasiones. La anhelo más que el comer y el beber incluso respirar es costoso si pienso en ella. Dormir es una tortura y un placer, pues sueños dulces me llevan a poseerla cada noche, solo para torturarme con el amargo despertar de ver que solo ha sido una fantasía.